Galleticas de Jesús

Chaguaramal · Edo. Miranda

Cacao artesanal de Finca J.I.R.

El tamaño de
un recuerdo

En Chaguaramal, las tardes tenían olor a cacao tostado y sabor a historias. De esas tardes nació una galleta que no se mide en gramos, sino en memoria.

Hechas a mano, una por una.

Compra una · Regala unapor cada paquete, una galletica ↓
Galleta artesanal de cacao con chispas de chocolate sobre papel kraft
la historia
Las manos de la abuela Ivonne moldeando masa de galletas en su cocina
La cocina de la abuela Ivonne, donde todo comenzó.

La historia

Las tardes olían
a cacao tostado

Mientras el sol bajaba sobre la Finca J.I.R., la abuela Ivonne moldeaba galletas con las manos mientras le contaba a su nieta María los recuerdos de su infancia.

En esa época no existían moldes ni medidas exactas; la única guía era la palma de la mano de la abuela. De ahí salía una galleta redonda de exactamente 30 gramos: la porción justa de afecto, tradición y memoria.

La medida de la abuela

No había moldes.
Había manos.

La galleta mide lo que medía la palma de la mano de la abuela Ivonne: 30 gramos, sin molde ni balanza. Redonda e imperfecta, como todo lo que se hace a mano.

El secreto

La paciencia no
se escribe en papel

El secreto de la abuela Ivonne no estaba escrito en una receta: estaba en la paciencia. Un tostado lento, en tandas pequeñas, vigilado hasta que el grano suelta su amargor sutil. Así se trata el cacao mirandino en la finca.

Cada grano viene de la tierra de la familia: la Finca J.I.R., en Chaguaramal, donde el cacao se cultiva, se seca y se tuesta a pocos metros de la cocina donde nació esta historia.

Granos de cacao mirandino tostándose lentamente en un budare de barro
María, joven de veinte años, amasando en la cocina de la finca con luz de mañana
En la cocina donde aprendió.

María

La nieta
que se quedó

María tiene veinte años. De su abuela Ivonne heredó la receta, el tostado y la medida de la palma de la mano; ella le puso las abundantes chispas de chocolate artesanal.

Estudia y hornea en la misma finca donde aprendió. Decidió quedarse en Venezuela y trabajar con lo que tiene: cacao propio, un horno y una receta que funciona.

«Me quedo. Los sueños también se hornean aquí.»

— María

La causa

La tarde en que
tembló todo

El 24 de junio de 2026, dos terremotos —de magnitud 7,2 y 7,5, con apenas 37 segundos de diferencia— sacudieron el centro-norte de Venezuela. Miles de familias perdieron su casa; un mes después, muchas seguían viviendo en refugios.

Registro sísmico: USGS, junio 2026 · Refugios: OCHA, julio 2026.

680.000 niños y niñas necesitan hoy asistencia humanitaria.

Estimación de UNICEF, julio de 2026.
Velas encendidas iluminando la oscuridad con luz cálida

Un dulcito no arregla una casa. Pero un minuto de infancia, un sabor a hogar — eso sí sabemos hornearlo.

Amanecer sobre el valle cacaotero de Chaguaramal
Y después de toda noche, amanece. El mismo valle, otra luz.

La promesa

Compra una, regala una

Así de simple: por cada paquete de Galleticas de Jesús que compras, horneamos una galletica más y la llevamos a un niño o una niña en un refugio.

  1. Tú compras

    Cada paquete que pides suma una galletica a la siguiente entrega.

  2. Nosotras horneamos

    La misma receta, la misma medida de 30 g. Una por una.

  3. Un niño la recibe

    Las entregamos en refugios y actividades para la infancia, junto a organizaciones locales que ya trabajan allí. En cada entrega publicamos con quién.

Cada entrega queda publicada en nuestro Instagram: cuántas galleticas, qué día y en qué refugio. Si un mes no hay entrega, también lo contamos.

— lo prometemos con la mano en la masa

Pedir